Junio: tiempos de renovación en Abya Yala

Con la llegada del invierno en el hemisferio sur, durante el mes de junio distintos pueblos indígenas de Abya Yala marcan el inicio de un nuevo ciclo. No se trata de una única celebración, ni de una fecha homogénea, sino de diversos momentos de renovación que se nombran y se viven de acuerdo a cada territorio, idioma y cosmovisión.


En el pueblo Mapuche, este tiempo es conocido como Wiñol Tripantu, el regreso del sol. En el mundo andino, el pueblo Quechua celebra el Inti Raymi, mientras que el pueblo Aymara conmemora el Willka Kuti, asociado también al retorno del sol y a un nuevo amanecer. Aunque con diferencias culturales, estas fechas comparten una comprensión del tiempo profundamente vinculada a los ciclos de la naturaleza.


A diferencia del calendario gregoriano, que establece fechas fijas y universales, estos sistemas se sostienen en la observación del entorno: el solsticio de invierno, los cambios en la luz, las lluvias, los brotes y los movimientos del territorio. El tiempo no se impone desde fuera, sino que se reconoce en relación con la tierra.
En muchos espacios, estas fechas suelen traducirse como “año nuevo indígena” para facilitar su comprensión. Sin embargo, esa equivalencia no alcanza a dar cuenta de su profundidad. No se trata solo de un cambio de calendario, sino de una transformación en la relación con el tiempo, con la comunidad y con el entorno.


Más que una celebración puntual, es un periodo de renovación. Se cierran ciclos, se agradece lo vivido, se proyecta lo que viene y se fortalecen vínculos a través de ceremonias, encuentros comunitarios y prácticas espirituales. Es un tiempo que invita a detenerse y a escuchar los ritmos que muchas veces quedan fuera de la
vida cotidiana. En los últimos años, estas fechas han ganado visibilidad en contextos urbanos e institucionales. Sin embargo, ese reconocimiento también plantea desafíos: evitar la simplificación, la folklorización o la reducción a una efeméride dentro del calendario oficial.


Nombrar estos tiempos desde sus propios idiomas y significados no es solo un gesto cultural, sino también político. Implica reconocer que existen otras formas de entender el tiempo, otras maneras de habitar los ciclos y de proyectar la vida.

En un presente marcado por la desconexión con los ritmos naturales, estos saberes no solo persisten: ofrecen claves para volver a pensar nuestra relación con la tierra y con los procesos que la sostienen.

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